Adán Chávez / Váyanse al Carajo, / Yanquis de Mierda!

Sentir Bolivariano

Adán Chávez Frías

@adancoromoto

 

¡Váyanse al Carajo, Yanquis de Mierda!

I

Hacemos un alto, por ahora, en las reflexiones que hemos venido realizando en artículos anteriores acerca de nuestra primera vida junto al Comandante Chávez, dada la necesidad de referirnos a la nueva arremetida del gobierno supremacista de Donald Trump contra el Pueblo de Venezuela y sus instituciones; una acción que se inscribe en los permanentes esfuerzos que realiza el decadente imperio norteamericano por tratar de dar al traste con el proyecto de amplias transformaciones que las venezolanas y los venezolanos hemos venido desarrollando desde el año 1999, cuando el líder histórico de la Revolución Bolivariana asumió por vez primera la Presidencia de la República.

Frente a esta prolongada y brutal arremetida, antes como ahora, el Gobierno y el Pueblo Bolivariano han mantenido una firme posición de defensa de la soberanía e independencia nacional, el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años, como lo expresara el Comandante Chávez en el Plan de la Patria; una posición que ha sido consecuente, además, cuando la estabilidad de otros países hermanos de Nuestra América Latinocaribeña, ha sido amenazada por quien insiste en vernos como su patio trasero.

II

Recordemos como el líder histórico de la Revolución Bolivariana anunció el 11 de septiembre del año 2008, en un acto de presentación y apoyo a las candidatas y los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) a la Gobernación y Alcaldías del estado Carabobo; que el Gobierno Bolivariano otorgaba un plazo de 72 horas al entonces embajador gringo en Venezuela, Patrick Duddy, para que abandonara nuestro país; ordenando, al mismo tiempo, el regreso inmediato a la Patria del compañero Bernardo Álvarez, quien se desempeñaba como Embajador ante Washington.

El Comandante Chávez adoptaba esta medida en solidaridad con el hermano Pueblo boliviano y el compañero Presidente Evo Morales, cuyo gobierno mantenía una dura disputa diplomática con el de Estados Unidos, por su intromisión en los asuntos internos de ese país, como suele ocurrir, en apoyo a los sectores de derecha arrodillados a los designios imperiales. Tanto La Paz como Washington habían expulsado a sus respectivos representantes diplomáticos.

Así, durante la intervención a la que acabamos de hacer mención, nuestro Comandante Eterno expresó: “Váyanse al carajo yanquis de mierda, que aquí hay un Pueblo digno…aquí estamos los hijos de Bolívar, los hijos de Guaicaipuro, los hijos de Tupac Amarú, y estamos resueltos a ser libres…Si viniera algún país, si viniera alguna agresión contra Venezuela, pues no habrá petróleo para el Pueblo ni para el gobierno de los Estados Unidos, nosotros, yanquis de mierda, sépanlo, estamos resueltos a ser libres, pase lo que pase y cuéstenos lo que nos cueste…”. Sin duda, un mandato del Comandante Chávez que sigue totalmente vigente.

III

Y es que el Comandante Chávez fue un vehemente defensor de la dignidad nacional y latinocaribeña, amenazada permanentemente por el enemigo histórico de nuestros Pueblos; aún en tiempos en los que la humanidad entera libra una batalla sin precedentes en los últimos años, en los que seguimos siendo objeto de la saña yanqui, caracterizada en este momento por la profundización de la guerra económica y las amenazas de invasión militar contra el país, y por la pretensión de aplicarle la “fórmula Noriega” al Presidente Maduro y otros dirigentes de la Revolución Bolivariana.

Ahora bien, es cierto que después del golpe de Estado del año 2002, contra el Gobierno Bolivariano dirigido por el Comandante-Presidente Hugo Chávez, la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos -fundamentalmente la clase trabajadora, las campesinas y los campesinos de la Patria-, fortaleció sus convicciones revolucionarias, defendiendo frente a cada arremetida del peligroso vecino del norte, el proyecto de transformaciones profundas propuesto por el líder histórico de la Revolución Bolivariana; hoy bajo la conducción del compañero Presidente Nicolás Maduro.

Por supuesto, ello no significa que se resolvieron los problemas propios de la lucha de clases presentes en la sociedad; y que el camino de allí en adelante haya sido llano y sin tropiezos. Sabemos que no ha sido así, y que nuestro Pueblo, con un alto grado de organización y consciencia, ha venido enfrentando diversos obstáculos, entre los cuales están las situaciones generadas en el país después del resultado de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

De allí que, ante un previsible escenario de continuidad de la agresión gringa, y a pesar de lo mucho que hemos avanzado hasta ahora; necesario es seguir fortaleciendo nuestra consciencia del deber social, a objeto de que no tengan cabida alguna las deserciones, las divisiones y los antivalores con los que las fuerzas contrarevolucionarias pretenden debilitar a ese Pueblo organizado y consciente; que seamos capaces de derrotar definitivamente el egoísmo, el individualismo y el reformismo; y de blindarnos frente a la brutal campaña antibolivariana desatada por las grandes corporaciones mediáticas mundiales.

Toca, además, fortalecer el rol del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y del Gran Polo Patriótico; y, de manera particular, de las y los dirigentes de la revolución, en la orientación y la formación debida del heroico y patriota Pueblo venezolano. El papel de la vanguardia revolucionaria, que orienta, dirige y aprende en la práctica conjunta; es clave.

En definitiva, resulta necesario aprovechar la coyuntura que estamos viviendo, ante la feroz arremetida del imperio, para continuar consolidando nuestro movimiento cívico-militar, cada vez más enraizado en el ideario bolivariano y chavista. Es el momento de actualizar permanentemente nuestro plan estratégico para cambiar la sociedad heredada, en lo teórico y en el programa de acción socialista; para que hierva con más fuerza la sangre rebelde en nuestras venas y consciencias. Apliquemos, con todo lo que signifique, las tres “R” al cuadrado que nos legó el Comandante Chávez; en cuya defensa de su legado siempre Venceremos.

 

Chávez y su eterno llamado a la unidad del pueblo ADAN CHÁVEZ

Chávez y su eterno llamado a la unidad del Pueblo

Por Adán Chávez

Una de las líneas temáticas más elaboradas en el discurso de la oposición antidemocrática venezolana, es la recurrente afirmación de que la Revolución Bolivariana y el Comandante Chávez, específicamente, dividieron al país entre “pobres y ricos”, lo fracturaron en dos polos y estimularon el odio entre venezolanas y venezolanos. Es así como, según esta tesis que encontramos casi a diario en los medios de comunicación y redes sociales (instrumentos masivos al servicio de los centros de poder del mundo capitalista), esa fragmentación social, es “la peor herencia del chavismo”.

Es, a todas luces, una de las mentiras más repetidas por los enemigos de la Patria, y que escuchamos o leemos continuamente en términos de una añoranza por “aquellos tiempos en que éramos felices y no había diferencias entre nosotros”, por sólo mencionar una de las tantas formas utilizadas para sus trampas ideológicas. Más allá de ser una simple muestra de la falsa moral de la burguesía, se trata de todo un montaje propagandístico muy bien estudiado, focalizado principalmente hacia la clase trabajadora y sobre todo a las capas medias de la población.

Lo primero que debemos subrayar es que, en el año 1999, cuando el Comandante Chávez inicia el proceso de grandes transformaciones en el marco de la liberación nacional, las desigualdades sociales eran abismales, consecuencia de una distribución arbitraria de la renta petrolera, que enriquecía a unos pocos (la burguesía) e iba empobreciendo al resto de la población. Cuando se inició la Revolución Bolivariana, la pobreza extrema era de 10,8% y la general de 29%. Hoy día, pese a la guerra económica inducida y a todas las dificultades creadas por el imperio norteamericano, la extrema se ubica en 4,3% y la general en 17%. Pero el aparato ideológico del capitalismo se encargó siempre de crear un falso mundo de bienestar, en el que la felicidad está asociada al ascenso de “estatus social”, con una supuesta “igualdad de oportunidades” para quienes sueñan con progresar exitosamente en tal escalamiento, sin importarles a quienes arrollan en el camino.

Al capitalismo no le interesa, por lo tanto, que se indague sobre las causas que originan las brechas sociales, justificándolas con su fraudulento juicio: “es pobre quien así lo decide”, y enarbolando la libre competencia como su mayor contribución al progreso. De forma tal que, bajo esa premisa de “supervivencia del más apto”, ha promovido el individualismo, el egoísmo, el racismo y demás formas de discriminación en las sociedades bajo su dominio.

Fue el líder histórico de la Revolución Bolivariana quien, justamente, puso al descubierto la esencia de aquellas democracias al servicio de las transnacionales. Chávez volteó la tortilla y redistribuyó la renta del petróleo, dando prioridad a los programas sociales, a satisfacer las necesidades de las y los que históricamente fueron invisibilizados, y al mismo tiempo, desenmascaró las causas objetivas de la pobreza, lo cual enfureció a la oligarquía apátrida, que durante largos años de hegemonía las había mantenido camufladas bajo la farsa de un país feliz de telenovelas y concursos de belleza. Y fue entonces esa oligarquía la que pretendió inocular el odio entre venezolanas y venezolanos, más allá de la simple división entre chavistas y opositores, que fue una división lógica en una Nación en la que la inmensa mayoría del Pueblo despertó y asumió un proyecto, el proyecto bolivariano de la independencia y la soberanía, a despecho de quienes asumieron la continuidad de las viejas políticas puntofijistas.

La burguesía estimuló una confrontación de carácter étnico, cultural y social, que llegó a niveles críticos con la imposición de la violencia como vía para liquidar la revolución y sus conquistas. Basta recordar el terror desatado en las guarimbas (verdadero testimonio de odio y fragmentación), financiadas y espoleadas por las y los pseudodirigentes de la oposición, en las que incluso quemaron gente viva por parecer chavista. Entonces, quienes estimulan el odio y la violencia?

Mientras la oligarquía promovía la confrontación, el Comandante Eterno llamó a la unidad de nuestro Pueblo, a la integración de Nuestra América. Y hoy, cuando las clases empresariales, las élites de la Iglesia Católica y las voceras y los voceros opositores incitan a enfrentar todo aquello que se asocie al chavismo, la Revolución Bolivariana ha mantenido su llamado al diálogo, a la solución pacífica de los problemas, a la paz y a la convivencia. Es una verdad inobjetable, que los eruditos al servicio del imperialismo no mencionan ni mencionarán.

No lo harán, porque la verdad no está de su lado. La verdad está de lado del Pueblo, que esperó siglos de sufrimiento para conquistar su soberanía y convertirse en forjador de su destino.

¡Unámonos y seremos invencibles!!